El púlpito

Un dios de metal. Cuatro profetas de Birmingham.

Bolt Thrower – Cenotaph

Queridos hermanos, endurecemos el sonido de este sermón para presentaros a uno de los grupos decanos dentro de la escena del death metal. Bolt Thrower (sitio oficial) forma parte de la primera hornada de grupos que practicaron esta disciplina en Inglaterra.

Surgidos en 1986, publicaron su primer disco In Battle There Is No Law dos años después, una obra con fuerte influencia de la escena punk: el sonido es sucio, en parte por la mala producción pero también en parte porque sonaba así, totalmente primitivo, con algunos toques que casi recuerdan al Altars of Madness de los Morbid Angel. El siguiente disco se tituló Real of Chaos (1989), y con sólo ver la portada a los jugones les llamaré potentemente la atención por su parecido a las ilustraciones de Games Workshop: en efecto, el disco tiene muchísima relación con el magnífico juego Warhammer 40.000. Representantes de la empresa, tras escuchar la segunda sesión grabada con John Peel, se animaron a cooperar con ellos con las ilustraciones. Eso, añadido a que algunos miembros de la banda ya eran jugadores del grupo, hace que el disco sea casi un homenaje al universo del juego.

Para el siguiente disco, War Master (lanzado en 1991 y que resultará clave a la hora de catalogar su estilo personal), la alianza con Games Workshop no se mantuvo a causa de que estos pedían excesivo dinero por el uso de sus ilustraciones. Sin embargo un ex-diseñador de la empresa se ofreció a ayudarles con los dibujos: el resultado lo podemos ver en forma de magníficas ilustraciones que recuerdan no sólo a Warhammer, sino también a un cruce entre Terminator y Conan. Es en lo relativo al sonido donde se nota el avance más importante: abandonan definitivamente el hardcore y se introducen en un death lento, obsesivo, con claros toques de Black Sabbath. No se puede hablar de una canción concreta dentro de este disco, que es otro de esos redondos, pero quizá la que más sorprenda sea ‘Cenotaph’, a todos los efectos buque insignia de la banda y canción imprescindible en su repertorio (el tema incluso ha servido de inspiración a algún fan de la banda a la hora de escribir un relato). Por poner algún otro tema, decir por ejemplo ‘Profane Creation’, el propio ‘War Master’, ‘The Shreds of Sanity’ o ‘Destructive Infinity’ (tema magnífico que increíblemente sólo aparece como extra en el CD).

Con su cuarto trabajo, The 4th Crusade (1992), ratifican la dirección de su estilo, conformando un disco soberbio. El tema que da título al disco es antológico, y se encuentra arropado de toda una cohorte de maravillas intensas, inmisericordes. En el disco prácticamente desaparecen los riff rápidos, dejándonos con un muro de sonido lento, pesado, en el que la voz de Willetts actúa como un buldózer, machacando lo poco que quedara en pie. Como curiosidad comentar que la letra del último tema, ‘Through the Ages (Outro)’, consiste en una lista de conflictos. Si para entonces alguien lo dudaba, ya no puede: los Bolt Thrower son unos adictos a los temas bélicos.

A esta etapa pertenece el directo Live War, de sonido humilde pero intensísimo. Una grabación imprescindible para los seguidores del grupo.

La temática bélica se mantiene en el siguiente álbum, …For Victory (1994), aclamado mundialmente como su mejor trabajo hasta la fecha (fecha de entonces, se entiende). Temas como ‘Lets We Forget’ o el propio ‘…For Victory’ dejan claro el impresionante nivel de calidad compositiva de la banda, comportándose como un tanque de primera generación.

Tras la gira que siguió al disco el cantante Karl Willetts y el batería Andy Whale se apartan de la banda, siendo sustituidos por el ex-cantante de Pestilence (banda que posee un disco imprescindible en lo que se refiere al death europeo: Testimony of the Ancients), Martin van Drunen, y por el batería Martin Kearns. Van Drunen no duró mucho en la banda: la alopecia areata le venció tanto como el, según dijo, no sentirse integrado. Martin Kearns le siguió un tiempo después, pero con su pelo.

E el puesto de vocalista se coloca Dave Ingram, ex-Bendiction, si bien las voces del fallido Mercenary (1998) siguen siendo de Willetts, que regresa justo para eso. El disco no acaba de convencer a buena parte de los fans, resultando flojo y monótono. Ingram sí aporta su voz en el siguiente Honour-Valour-Pride (2001), más resultón pero no a la altura de los clásicos de Willetts. Éste regresará de nuevo a la banda (y ya como miembro oficial) para incluir su voz en el impresionante Those Once Loyal (2005), un disco con el que la banda consigue crear una nueva obra maestra. Temas como ‘At First Light‘ no merecen comentario alguno: sólo se pueden disfrutar con humildad ante lo impresionante de su sonido.

Por desgracia, tal y como dicen en su página web (en la entrada de 12 de Junio de 2008), parece que no van a sacar por ahora más discos dado que este último Those Once Loyal lo consideran perfecto, definitivo, y el nuevo material que han compuesto (según ellos) es de calidad inferior a la del citado.

Aquí os dejo con una muestra de los Bolt Thrower en plena gloria, con uno de los mayores exponentes de su arte.

[youtube oxMJDTJXleI]

Cuando acabéis de menear la cabeza no olvidéis alabar a nuestro dios de metal: él es quien inspira estas maravillas.

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